Con 41 años y 113 días, la estrella estadounidense intentaba una apuesta de locos: volver a ser campeona olímpica de descenso, 16 años después de su título en Vancouver, y con una rotura de ligamentos cruzados que tenía diez días.
Su apuesta terminó mal y abre el debate: ¿hasta dónde puede llevar un atleta su cuerpo en la búsqueda de un logro?
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